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El Puente del Beso




En la Edad Media nuestros mares cantábricos estaban poblados de una serie de flotas de piratas, las cuales tenían atemorizados a todos los pueblos costeros. Los piratas tenían un gran desparpajo y habilidad para burlar cualquier tipo de persecución real y parecía que serian invencibles.

El principal pirata que dirigía todas las operaciones era un moro llamado Cambaral. Era conocido por su crueldad extrema, tomaba las naves, robaba las pertenencias, torturaba, mataba y raptaba a bellas doncellas para comerciar con ellas.

En vista de que parecía imposible su captura, el señor de la fortaleza de Luarca, decidió hacerle una emboscada haciéndose pasar por pescadores, saliendo a esperarlos a la mar y confiando en que en cuanto los piratas los vieran intentarían asaltarlos. Tuvieron suerte y cayeron en la trampa. Los piratas no conociendo la trama, picaron el anzuelo y se encontraron con decenas de personas perfectamente armados y preparados para el ataque.

De esta acción, Cambaral fue hecho prisionero y conducido a la fortaleza de la Atalaya, allí fue encerrado en las mazmorras.

Mientras celebraban la victoria, la hija del señor (una bella joven, de muy buen corazón) pidió permiso para poder entrar a curarle las heridas, y una vez dentro de la mazmorra, mientras le curaba las heridas, sintieron el poderoso influjo del amor, que día tras día iba creciendo.

Decidieron fugarse, así que mientras que su padre estaba durmiendo, se reunieron y fueron hacia el puerto desde la fortaleza, pero en el último momento, el señor de la fortaleza, los sorprendió en el puerto (le pusieron al corriente de la fuga). Ellos viendo imposible su posibilidad de escapar, se abrazaron y se besaron como si fuera su último beso.

El señor de la fortaleza, incapaz de soportar esa traición, sacó una afilada espada y les cortó de un solo tajo ambas cabezas, las cuales cayeron al agua del puerto, mientras sus cuerpos se quedaron fuertemente abrazados.

Tiempo después en ese mismo lugar se levantó el Puente del Beso.

El barrio de pescadores de Luarca lleva el nombre de Cambaral en memoria a la leyenda.


http://lacuruxa.es/Mitologia-de-Asturias/Cuentos-y-Leyendas/puente-beso.html

Leyenda del Cuélebre

Cuenta la tradición que hace muchas centurias y en la poética ciudad de Cangas de Onís, vivía un rey con una hija joven y bella.
Todos los nobles, prendados de su hermosura, disputaban su corazón, pero la princesa a nadie correspondía, decidida a casarse únicamente por amor verdadero.

Haciéndosele imposible la espera, un día ordenó el rey que la trajeran a su presencia y con acento severo, advirtióle:

-Tienes ocho días para elegir marido, si es que no quieres exponerte a la suerte de un castigo

-Breve me lo fiáis- contestó la joven; -no me casaré hasta tanto no me sienta firmemente enamorada.

Había transcurrido el tiempo prefijado y propúsose el rey dar cumplimiento a su palabra. Invitó a la princesa a un paseo y la condujo hasta un paraje de Abamia, donde se abría una cueva de la que el vulgo contaba cosas extraordinarias: decían unos que de allí salían gemidos y suspiros; referían otros que su interior comunicaba con el mismísimo infierno; no faltando quien aseguraba que allí habitaba el misterioso cuélebre...

Abandonó el rey su montura y con curiosidad fingida acercóse a la puerta de la cueva; otro tanto hizo la princesa, momento en el que el padre aprovechó para, mirándola fijamente, conjurarla con estas palabras:

-En esta cueva te meterás, y cuélebre te harás, y el que contigo quiera casar, tres besos en la lengua te tiene que dar...

Al instante la frágil y bella princesa se convirtió en espantoso cuélebre que se deslizó pesadamente cueva adentro.

Cumplido el castigo, pesaroso, retornó el rey a palacio, sin darse cuenta de que en las proximidades de la cueva andaba un pastor, mozo apuesto, que vio el encantamiento y oyó el conjuro. Armado de valor, penetró en la cueva, y prendiendo fuértemente la cabeza del cuélebre, le dio tres besos en la lengua. Al instante se rompió el conjuro y apareció la princesita, radiante, serena y pletórica de hermosura.

Asegura la tradición que esta vez sí se enamoró la princesa de su salvador, que se casaron y que fueron reyes felices.